¿Será la última?. Vete a saber, con lo que me enrollo últimamente, lo mismo sale un tocho de cuidado, una colección de fascículos que dice Choi. Podría hacer una película, que tuviera ya el esquema definido, varias partes, enlazadas y cuando parece que va a terminar… ¡zas!, lanzo la primera…

Podría empezar aqui:

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“No hace mucho tiempo, en una localidad nada lejana, un grupo de intrépidos jóvenes…”. Claro que luego viene un tipo, llamémosle Lukas, y me copia.

Pero bueno, vale de desvarío, que ya es viernes, no he terminado con la narración y lo que es peor, ¡estoy más cansado que el lunes!. Y yo que me propuse ir al trabajar para poder descansar…

En el capítulo anterior “nos” habíamos quedado en el momento inmediatamente posterior a la comida. Para mí, cuando puedo disfrutarlo, uno de los mejores momentos del día. Pero como ya os he explicado en otro momento del relato, esta gente son máquinas y no paran quiet@s. Un pequeño ratín a la sombra de un árbol y seguimos la marcha. ¡Qué estrés!. Se propusieron hacer más kilómetros que el Coyote tras el Correcaminos y nos perdimos por Laguardia, precioso pueblo que bien merece la visita. Cumplida la visita y repuestas la fuerzas tomamos la dirección hacia el camping. Próxima etapa: “La noche”.

Reunid@s y preparad@s para afrontar las vicisitudes y pruebas que “la noche” nos preparara acudimos a Haro para buscar posada que nos diera asiento y mesa, y así seguir recuperando fuerzas, ayudando a mantener el nivel colesterólico y alcohólico en sangre. Cual horda tártara y en una perfecta maniobra de despliegue, acoso y derribo conseguimos hacernos con tres mesas y suficientes sillas como para poder degustar viandas y trasegar líquidos en multitud de colores, sabores y texturas. La anécdota de la noche. Dos personas se pidieron bocatas de “completo de hamburguesa”. Cuando llegaron a la mesa, estaban “los completos”, las hamburguesas no aparecían entre la guarnición. Bastó la presencia de nuevo de la camarera para desvelar el “misterio”.